En primer
lugar, don Álvaro es un joven adinerado que proviene de las Indias. Podemos
apreciar una evolución en su personalidad, al principio de la obra observamos a
un don Álvaro enamorado:
“¡Ángel
consolador del alma mía!...
¿Van ya los
santos cielos
a dar corona
eterna a mis desvelos?...
Me ahoga la
alegría
¿Estamos
abrazados
para no vernos
nunca separados?...
Antes, antes
la muerte
que de ti
separarme y que perderte.” (v.245 pág. 63)
Pero,
analizamos como este personaje pasa de ser un enamorado capaz de hacer
cualquier cosa por su amada, a ser un fugitivo infeliz que busca la muerte para
librarse de las desdichas pasadas:
“¿De veras?
Con el alma lo
agradezco,
y el interés
de los jefes me honra y me confunde a un tiempo.
Pero, ¿por qué
han de empeñarse
militares tan
excelsos
en que una
excepción se haga
a mi favor de
un decreto
sabio, de una
ley tan justa,
a que yo falté
el primero?
Sirva mi
pronto castigo
para saludable
ejemplo.
¡Muerte es mi
destino, muerte,
porque la
muerte merezco,
porque es para
mí la vida
aborrecible
tormento!
Mas, ¡ay de
mí, sin ventura!,
¿cuál es la
muerte que espero?
La del
criminal, sin honra,
¡¡en un
patíbulo!! ¡¡Cielos!!”. (v. 1735-1750, págs. 154-155).
Don Félix se
asemeja al personaje de Don Juan Tenorio en la novela de Zorrilla, coincide con
él en su físico, en su audacia y en su cinismo. Se ríe de la mujer a la que
enamora para que esta sufra tal desdicha que le desencadene en la muerte. Es un
personaje arrogante. Se enfrenta a Dios (característica propia de la época), y
cree poder estar por encima de Dios y del diablo por lo que su final trágico
acaba en la muerte:
“Mas antes
decidme si Dios o el demonio
me trajo a
este sitio, que quisiera ver
al uno o al
otro, y en mi matrimonio
tener por
padrino siquiera a Luzbel:”. (v. 1545, pág. 117).
En cuanto a
las enamoradas, doña Leonor se muestra como un ejemplo clave de la mujer de la
época: bella, sensible y obediente a sus padres. Encontramos descripciones de
ella al principio de la obra. Encuentra
en la religión su apoyo para superar su amor, refugiándose en una ermita para
expiar sus pecados. Es una mujer que expresa abiertamente su amor, sin recelo:
“Mi dulce
esposo, con el alma y vida
es tuya tu
Leonor; mi dicha fundo
en seguirte
hasta el fin del ancho mundo.
Vamos;
resuelta estoy, fijé mi suerte,
Separarnos
podrá solo la muerte”. (v. 340, págs. 68-69).
Podemos decir
que Elvira, se presenta como el prototipo de mujer romántica, por su entrega
completa al amor hasta el punto máximo que es la muerte. Ama irracionalmente a
don Félix, no tiene el poder suficiente como para afrontar su desdicha y muere
de pena y dolor tras escribirle una carta:
“Adiós por
siempre, adiós: un breve instante
siento de
vida, y en mi pecho el fuego
aún arde de mi
amor; mi vista errante
vaga
desvanecida…¡calma luego,
oh muerte, mi
inquietud!...¡Sola…expirante!...
Ámame: no,
perdona: ¡inútil ruego!
¡Adiós!
¡adiós! ¡tu corazón perdí!
Todo acabó en
el mundo para mí!”
“Así escribió
su triste despedida
momentos antes
de morir, y al pecho
se estrechó de
su madre dolorida,
que en tanto
inunda en lágrimas su lecho.” (v. 410-415, pág. 69)